Archivos mensuales: diciembre 2012

¡Feliz próximo periodo traslacional terrestre!

El otro día, con tanta gente felicitando el solsticio de invierno por no pronunciar la temible Navidad y evitar así ser sospechoso de ateísmo poco profesional, recordé que había visto algo similar examinando los materiales del ALPI. Pequeño excurso. El ALPI es el Atlas Lingüístico de la Península Ibérica, un proyecto con una historia auténticamente novelesca. Fue una idea de don Ramón Menéndez Pidal y encargado a Tomás Navarro Tomás, ambas importantísimas figuras de la filología española, por si les pillo con el pie cambiado. Los cuestionarios estuvieron listos hacia 1930 y, apoyados por el Centro de Estudios Históricos, los tres equipos se echaron a la Península. La Guerra Civil interrumpió los trabajos y Navarro Tomás se llevó los materiales al exiliarse. Estos volvieron a España (al Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en 1951 y entre 1947 y 1954 se completaron las encuestas. Después de la publicación del primer tomo, en 1962, se abandonaron las tareas para la publicación de los restantes y los materiales quedaron olvidados y desperdigados en varios archivos. Entre 1999 y 2001 fueron encontrados y fotocopiados por David Heap y ahora una gran parte de ellos están disponibles en la red (fuente de todo esto). Actualmente se está realizando un proyecto en el CSIC para digitalizar y cartografiar todos los materiales. Fin del excurso.
Pues hace unos años, mirando en los cuadernillos del ya explicado ALPI las diferentes respuestas para zorra (ya saben, zorra, raposa, vulpeja… No me sean.), encontré que en algunos sitios los entrevistados informaban de que, aunque la palabra existía, “pronunciarla traía mala suerte”. En 18 localidades (todas andaluzas o ciudadrealeñas) dieron respuestas alternativas a zorra (o sorra), “por no mentarla”.
En El Bosque, Chiclana de la Frontera y en Alcalá de los Gazules (todas en Cádiz) la llaman gandana, no sé bien por qué[1]. El origen del apelativo tarifeño es mucho más claro: bicho las gallinas. En Adamuz, Hornachuelos y Doña Mencía (sitas en la provincia de Córdoba), la llaman comadre. Y en Zafarraya (Granada), la ligera. Pero en la mayoría de sitios utilizan un nombre propio: en La Carlota y en Villaviciosa de Córdoba (Córdoba) la llaman Juanica, aunque el más común es María, usado en Fuencaliente y Carrizosa (Ciudad Real) y en Quesada y La Puerta de Segura (Jaén), donde dicen una maría, con artículo indefinido y todo. El diminutivo, Mariquita, lo usan El Viso del Marqués (Ciudad Real), en Marmolejo y en Navas de Tolosa (Jaén), aunque imagino que no con cariño. Pero mi favorito, y no por el adjetivo, sino porque tiene hasta apellido, es el de Montefrío (Granada): puta María García.
Perdonen la brevedad, pero se me ha echado el especial de Gila encima. ¡Muy feliz año 2013!

[1] Hablo en presente, aunque no tengo certeza alguna de que se sigan manteniendo estos apelativos. Es por cuestiones estilísticas, que soy muy coqueta.

Deberes para Navidad

Gracias a Elenas (del Olmo y Jareño), Mónica, Araceli, Julián, José, Javier, Humbe, Rosa, Marcela y Lorenza
1) Escriba una breve composición que una coherentemente los siguientes temas: peluquería y toponimia castellana:
¡Hoy me he cortado el pelo! ¡Por fin! Y se lo comunico entre signos de exclamación porque este corte de pelo bien lo merece. Es todo un símbolo. Un poco como esos de las pelis, los que hacen que la prota se sienta una persona nueva, más segura de sí misma, y consiga todo lo que quiera, que suele ser Matthew McConaughey y un puesto de trabajo de mujer independiente, segura de sí misma y de pelo recién cortado. Un poco como esos, solo que mejor. Elevadoalcubamente mejor. Este corte de pelo indica un avance en mi tesis. A partir de ahora, cuando alguien me pregunte: “¿Qué tal la tesis?”, en vez de cambiar de tema y/o gruñir, le diré: “¡Ya me he cortado el pelo!”. Eso es la típica respuesta in media res, así que voy a contarles el initium de la res.Este septiembre, gracias a un impecable asesoramiento, decidí que antes de Navidad tenía que haber acabado el trabajo de campo necesario para mi tesis. Y decidí que no me cortaría el pelo hasta entonces. Era esta una decisión con un fundamento científico irrefutable: mi trabajo de campo se basa en un cuestionario compuesto casi totalmente por vídeos de servidora con el pelo corto. La experiencia me ha enseñado que cuando los informantes me reconocen en el vídeo, el cuestionario sale peor. Y que cuando les entrevisto con el pelo largo, no suelen identificarme con la chica del vídeo (chico, si el informante ve regular). Ergo el pelo largo me viene bien para encuestar. QED. Pues eso, que sí, ¡¡he acabado las encuestas!! Bueno, me he dejado alguna para el año que viene, que no puede ser bueno cortarlas de raíz, pero ya puedo ponerme a procesar datos e, incluso, a escribir trocillos de la tesis.
Acabé las encuestas el fin de semana pasado, en una visita (muy bien acompañada) a Segovia, Valladolid, Zamora, Salamanca y Ávila. ¿Sabían que chapuzón no solo vienen de chapuzar, sino que chapuzar viene de chapuz? Yo no había oído chapuz jamás, hasta que en Revenga (Segovia) me explicaron que esto era lavarse a chapuz:
Y por fin tuve la oportunidad de conocer Toro, en Zamora. Esto de aquí es el ayuntamiento de Toro, con sus tres banderas: la de Castilla y León, la de España y la de Toro: 
El viento no permitía hacer una foto óptima, pero aquí pueden observar más detenidamente el escudo de Toro.
Las banderas de Castilla y León y la de Toro son un fantástico ejemplo de cómo la lengua puede modificar la realidad. En la de Castilla y León generalmente se ven dos castillos (por Castilla, se sobrentiende) y dos leones (por León, también se sobrentiende). En mi foto solo se ve uno de los leones, pero fíense de Google. Y en la de Toro vemos un toro y un león, por lo de Toro y lo de León, digo yo. Hasta aquí todo correcto. ¿O no? Pues solo casi: el topónimo de Toro viene de (Villa) Gothorum ‘ciudad de los godos’ y el de León, de legione(m) ‘legión’. Así que efectivamente, el toro viene de Toro, pero Toro no viene de toro, igual que el león viene de León, pero León no viene de león
Seguiría un poco con la toponimia, pues después de comer en Toro encuestamos en un pueblo llamado Peleas de Arriba, pero mejor acabo a lo Scheherezade, por si acaso hoy no se acaba el mundo.

Edisyn Workshop on Ibero-Romance Dialects: Clitics and Beyond

El miércoles 12 (pasado mañana) y el jueves 13 (que va justo después) va a tener lugar en la Universidad de Carlos III de Madrid el Edisyn Workshop on Ibero-Romance Dialects: Clitics and Beyond. Si les interesa la dialectología y pueden asistir, se lo recomiendo encarecidamente, por dos motivos. El primero, que sé de buena tinta que las charlas van a ser muy interesantes. El segundo, que está organizado como un congreso informal, con mucho tiempo para comentarios y preguntas del público, además de una mesa redonda sobre tendencias actuales en la dialectología ibero-romance. En la página web tienen el programa y las indicaciones sobre cómo llegar. (Por cierto, aunque la página esté en inglés, el congreso va a ser mayoritariamente en español.) Si el tema les interesa, pero no pueden asistir, intentaré tuitearlo en directo, con el hashtag #madisyn (lo sé, soy un genio de los juegos de palabras). ¡Nos vemos en Getafe!

Doctor, doctor

En estos precisos instantes, mi amigo Olivier Iglesias (sí, como Julio. Los hay con clase.) se dispone a defender su tesis en la Université Paris 8 sobre el fenómeno conocido como  «subida de clítico». ¿Lo qué? Clíticos son (en este contexto) los pronombres personales átono (lo, la, me, te, nos…, ya saben). Y subida se refiere al hecho de que, en algunas perífrasis verbales del español, el pronombre puede colocarse detrás del infinitivo o el gerundio, o anteponerse (subir) al verbo flexionado. Venga un ejemplo:
– Doctor, doctor, ¿a qué hora me puede atender?
Podré atenderle a partir de las doce.
Esto es lo que dice el Diccionario Panhispánico de Dudas al respecto (bajo el lema pronombres personales átonos):
«Pero si el infinitivo o el gerundio forman parte de una perífrasis verbal, en la mayor parte de los casos los clíticos pueden colocarse también delante del verbo auxiliar de la perífrasis, que es el que aparece en forma personal: Debo hacerlo / Lodebo hacer; Tienes que llevárselo / Se lo tienes que llevar; Vais a arrepentiros / Os vais a arrepentir; Siempre está quejándose/ Siempre se está quejando; Siguió explicándomelo / Me lo siguió explicando.
»La anteposición de los clíticos no es posible cuando el verbo auxiliar de la perífrasis es impersonal: Hay que pedírselo(no *Se lo hay que pedir); o si el verbo en forma no personal es el sujeto oracional pospuesto de verbos como parecer, importar, convenir, etc.: Parecía entenderlo(no *Lo parecía entender); Conviene intentarlo (no *Loconviene intentar); Importa denunciarlo (no *Lo importa denunciar). Tampoco es normal la anteposición de clíticos con verbos que expresan creencia, temor, deseo, preferencia o conocimiento, como creer, temer, desear, preferir, negar, afirmar, entre otros: Cree haberlo guardado (más normal que Lo cree haber guardado); Prefiero ignorarte (más normal que Teprefiero ignorar); Deseo irme (más normal que Me deseo ir); Negó saberlo (más normal que Lonegó saber), etc.»
Sin embargo —y como siempre—, no todos los hablantes siguen una gramática tan restrictiva como la que describe la Academia… En la provincia de Segovia, por ejemplo, no es nada infrecuente la anteposición del clítico en la perífrasis impersonal con haber que. Miren un par de ejemplos de Moraleja de Cuéllar, obtenidos del COSER:
Lo hay que amasar, los ajos.
Y se enllenan las tripas gordas del cerdo, que las hay que lavar […].
En su tesis, Olivier estudia los idiolectos de una serie de hablantes (el habla concreta de estos) para investigar qué factores condicionan la posición del pronombre en sus gramáticas individuales. Todo un señor trabajo que le va a granjear un muy merecido título de doctor, después de tres años examinando y auscultando complejos verbales para llegar a un buen diagnóstico. Me imagino que cuando lea esto, tendrá más o menos esta pinta:
Olivier, Doctor Iglesias, me hubiera encantado haber podido verle (o haberle podido ver, comme vous voulez) defendiendo la tesis, ya que habría aplaudido à rabier (que es como aplaudir a rabiar, pero más finamente, a la francesa), pero no ha podido ser… Así que no me queda más que contentarme con mandarle un gigantesco ¡ENHORABUENA! desde aquí, acompañado de un fuerte abrazo.

–>Y un pequeño regalo, con interposición, oído la semana pasada en una cena:

Yo ya lo llevo un rato bebiendo.
Eso sí, ese lo se refería al pacharán y no he encontrado mucha bibliografía acerca de cómo el factor alcohólico afecta a los datos lingüísticos…

El que quiera peces, que se coche el culo. Pero luego que no se meye…

 Extrañamente, todavía no me han mandado a freír espárragos cuando aparezco en pueblos de la geografía española y someto a alguno de sus habitantes a hora y pico de ver y describir vídeos en los que gran parte de mi familia y servidora realizamos acciones diversas, variopintas y, en ocasiones, absurdas, que es la única reacción que parece lógica. Al contrario, la reacción más habitual es preguntarme si de verdad me sirve para algo la entrevista. Por mucho que yo insista en que sí, creo que no acaban de creérselo mucho… Me miran preocupados, pensando que así no voy a conseguir ganarme el pan ni, mucho menos, fundar una familia. Pero enseguida quitan la cara de preocupación y vuelven a concentrarse en la pantalla, como diciendo: “Si tiene alguna opción de cobrar con estas cosas, por mí que no quede”.  O yo tengo mucha suerte al encuestar o hay mucha gente buena por ahí…
A veces, me regañan un poquito por no haber avisado con la suficiente antelación, lo que les hubiera permitido recabar todas las palabras idiosincrásicas del pueblo. Esta es una de mis reacciones favoritas (insisto en que la regañina es pequeña), pues suele venir de personas con una gran sensibilidad metalingüística y que suelen brindarme verdades lingüísticas como puños y palabras que nunca había oído, como hizo Amparo, no sé si recuerdan.
También Juani, de Gumiel de Mercado (Burgos), a pesar de no haber tenido tiempo para recopilar todas las palabras que le hubiera gustado, me dio unas cuantas… Comparto, pues vivo. Cuando llueve en Gumiel de Mercado (y doy fe de que esto puede llegar a ocurrir con virulencia) uno no acaba mojado, sino cochao (y, muy probablemente, con los panalones rezamostaos; esto es, sucios). En Gumiel, los débiles no son flojuchos, sino que están desainidos. No sé si tendrá algo que ver con desainar (que significa ‘desangrar’), pero en cualquier caso no parece ser exclusivo de Gumiel de Mercado, a juzgar por lo que dicen en este foro de La Nuez de Arriba, también en Burgos. La última, fantástica, es meyazas, que significa ‘meona’ y que parece venir de meyar, supongo que un estadio previo  de la forma mear.

¿Conocíais alguna de ellas? ¿Alguna idea de su origen?