Archivos mensuales: marzo 2013

Ojalá. U ojalá no.

 

¿Qué es el cambio lingüístico, me preguntas, mientras clavas tu pupila…? Ok, vale, no ha preguntado nadie. Como os ponéis. Total, si lo voy a contar igual. Pues el cambio lingüístico es una cosa muy natural y, por lo tanto, muy mal vista, que le pasa a todas las lenguas del mundo. La lengua, puesto que es un instrumento al servicio del ser humano, está inevitablemente llena de innovaciones. Lo mismo pasa con los teléfonos y nadie ha hecho una academia para que sigan teniendo cable y se marque girando una rueda.
También es una queja archiconocida entre los puristas de la lengua que las nuevas tecnologías están matando la lengua (¡autocita!). Nada más lejos de la realidad, por supuesto. Las nuevas tecnologías, al crear nuevas situaciones de uso, no hacen más que enriquecer la lengua, que se adapta para funcionar óptimamente en estos nuevos contextos.
Así que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, voy a mostrarles un pequeño cambio lingüístico que está teniendo lugar en uno de estos nuevos contextos: Twitter.
Twitter es una red social de microblogging según algunos (que significa que la gente escribe sus cosas en muy poco espacio) y una tontería a la que estoy enganchada según mi madre. Hace un tiempo les puse algún ejemplo de cómo usar Twitter para averiguar la distribución geográfica de algún rasgo lingüístico (¡otra autocita!).
Hoy quiero mostrar dos cosas: 1) que el contexto determina el uso que hacemos de la lengua y 2) cómo observar un cambio lingüístico en movimiento. Un par de cosas acerca de Twitter, antes de ir al grano:
    • Cada tuit (o mensaje) solo puede tener 140 caracteres: es decir, deben ser muy breves, más que un sms.
    • En Twitter se utilizan hashtags, que funcionan como etiquetas sobre el texto, para que se puedan consultar fácilmente todos los tuits que hablan de una misma cosa.
    • Los tuiteros siguen a otros tuiteros y así leen sus tuits (están suscritos a ellos). Además, pueden retuitear los tuits de otro: reproducirlo para que lo lean sus propios seguidores. Un tuitero que desee tener muchos seguidores (léase: un tuitero) intentará que sus tuits sean originales, expresivos, graciosos, mordaces… En el tuit, muchas veces la forma importa más que el fondo.
    • Esto hace que cuando algo hace gracia en Twitter, es fácil que se extienda como la pólvora y todo el mundo lo reproduzca, adaptándolo y modificándolo (o no). Aquí van algunos ejemplos de “coletillas” que se usan repetitivamente:
Mi animal mitológico favorito es, con la que se ironiza sobre aquello que rara vez ocurre:

 

No te deseo ningún mal, pero; una forma original de contar pequeñas desgracias:
 En ese/a … me maté yo, que se usa para…, para… Bueno, se usa mucho:
Bueno, pero que yo había venido aquí a hablar de mi libro y siempre me voy por las ramas con los prolegómenos. En español tenemos una utilísima palabra que —según la RAE— “denota vivo deseo de que suceda algo” y que tomamos prestada del árabe hispánico law šá lláh, que significaba ‘si Dios quiere’. Aunque la RAE ya no nos dice nada más, ojalá se usa en español general (esto es, no tuitero) en dos contextos:
Ante un verbo en subjuntivo, precedida o no por la conjunción que:

     

     

     

     

     

     

     

    Sola, solita, respondiendo a un deseo o supuesto que otra persona ha formulado:

     

     

    En español tuitero, sin embargo, ojalá puede aparecer en muchos otros contextos; esto es, ha extendido sus funciones. Puesto que ojalá denota “vivo deseo de que suceda algo”, suele requerir un verbo flexionado (ya sea el que le sigue en subjuntivo o el que le precede, cuando es una réplica): esto es, el típico verbo que te dice cuándo y a quién le pasa algo.
    Sin embargo, en español tuitero ojalá puede preceder a un sintagma nominal sin verbo. ¿Cómo sabemos qué es lo que desea el tuitero que suceda entonces? Todos estos casos omiten verbos como ser, haber, tener en contextos existenciales, así que es muy fácil que el lector lo reponga al leer el tuit. El mero hecho de nombrar algo presupone su existencia, aunque sea imaginaria.

     

     

     

     

     

    Puesto que no hay un verbo en esas construcciones, siempre se entienden en presente o en futuro. Pero eso no es ningún problema: si queremos expresar un deseo sobre el pasado… ¡Usemos un adverbio de tiempo!
    Pero esto del verbo omitido limita mucho las posibilidades de la construcción. ¿Hablar solo de la existencia de entidades? Mejor también hablar de entidades haciendo cosas… Así que estos sintagmas nominales pueden ir seguidos de un verbo en gerundio:

     

     

     

     

    Lo malo del gerundio es que, por el hecho de tener cierto componente temporal, suele necesitar un sujeto explícito. El infinitivo es más relajado para esas cosas y permite que el sujeto se entienda como el propio hablante o simplemente expresar una situación impersonal:

     

    Todos estos tuits podrían haberse escrito con un verbo en subjuntivo y seguramente algunos hubieran sido incluso más cortos. Pero no hubieran significado exactamente lo mismo. El ojalá tuitero tienen una función ligeramente distinta que la del ojalá general. Estos tuits no buscan expresar un deseo, sino que buscan poner una imagen en la mente del lector, describir una situación. Ojalá añade dos matices a estas imágenes: que son hipotéticas y que son deseables. Este uso recuerda mucho al de los hashtags, que simplemente categorizan la situación descrita en el tuit. Y miren este ejemplo, que muestra bastante claramente que lo que se quiere expresar es una imagen (además de un deseo):
    Por regla general, aunque una estructura le venga muy bien a una lengua en un contexto determinado, esa estructura no surge de la nada, sino que aparece en una grieta, en un hueco de la lengua, en un pequeño rincón en el que tanto la interpretación de siempre como la interpretación nueva son posibles. Esto que les cuento no es una excepción. Cuando ojalá aparece solo, expresa que lo anterior, aquello a lo que replica, es una situación deseable. Y aquello a lo que replica ojalá no tiene restricciones de modo en el verbo (¿Te imaginas a Ana Botella bailando el chachachá? Ojalá). Es más, esa prerréplica le permite a ojalá aparecer con cosas que no sean subjuntivos. Es posible, pues, que en contextos como este se forjara el ojalá tuitero:
    *ATENCIÓN*    *POR FAVOR*     *ESTO TAMBIÉN SE LEE*     *GRACIAS*
    Este texto utiliza el término “cambio lingüístico” en un sentido bastante laxo y en ningún caso pretende proclamar que este uso de ojalá vaya a extenderse a otras variedades de la lengua y alcanzar el español general. Como he dicho, es un cambio fuertemente influido por el contexto de la elocución (Twitter), que seguramente se quede donde está. Así que ojalá todo el mundo en calma.