Archivos mensuales: septiembre 2013

De aquí para allá y de allí para acá


 Algunas palabras, como las personas, necesitan un punto de referencia. Por ejemplo, aquí no se entiende sin saber dónde está el que lo dice y ahora cambia a cada instante. Tenemos, también, varios verbos que dependen del lugar en que se digan: solo podemos ir a un sitio diferente del que estamos, mientras que venirsiempre lo hacemos al mismo sitio desde el que lo decimos. Es por eso por lo que no podemos ir y venir a la vez o por lo que cuando tú vas, Chenoa viene de allí. Esta referencia a elementos del contexto es lo que los lingüistas llamamos deixis, pero no se preocupen, que no me voy a poner filológicamente intensa.
Con otra pareja de verbos, emigrar e inmigrar, ocurre justo lo contrario que con ir y venir: son cosas que suceden a la vez, pero desde perspectivas distintas. Emigra el que se va de su país e inmigra el que llega a otro. Siendo, claro, una única persona. Que parece que no, a juzgar por los muy distintos sentimientos que despiertan emigrantes e inmigrantes en sus respectivos puntos de referencia, pero sí.
Llevo ya unos días pensando que el hecho de que el español tenga dos verbos para ‘irse de un país a otro’ es un ejemplo de iconicidad de la lengua. Eso significa que la lengua refleja en su forma algo de la realidad, como un espejo. Dos verbos para un único suceso, como reflejo de los sentimientos encontrados que causa el suceso en cuestión. Venga el ejemplo:
El que emigra deja su casa y se pone a echar de menos. Echa de menos a su familia (padres, hermana, abuelos, tíos, primos y perros, todos incluidos). Echa de menos a sus amigos del cole y a los de la universidad; a sus amigos de muchos veranos y los de unas cuantas semanas en Etiopía, que allí es tiempo más que suficiente para una amistad. A sus compañeras de despacho y a su directora de tesis. Echa de menos a los filólogos y echa de menos a los abogados. Incluso a los amigos que ya habían emigrado y a aquellos que no vivían en su país, los echa un poquito más de menos. Por ir resumiendo, le da penilla irse y no estar a solo quince minutos de atasco de tantísima gente.
El que inmigra aparece, lleno de ganas, en mitad de los Alpes. Aprende otra lengua y, si tiene suerte, aprende dos: el alemán estándar y el suizo. Llega a una universidad fantástica muy bien acompañada y se llena la cabeza de proyectos (nuevos y viejos; voy a acabar la tesis, que no cunda el pánico). Hace nuevos amigos: indígenas, inmigrantes e incluso otros emigrantes con los que se pueda cenar tortilla de patata a las diez y media de la noche. Y además solo está a un par de horillas de casa. Siendo, claro, una única persona. Que parece que no cabe, pero sí.
Se me altera la deixis y me cambian los aquís y los allís, las idas y las venidas. Me voy de asistente de la cátedra de Lingüística Iberorromance a la Universidad de Zúrich. Suena bien, pero es mejor. Grüezi, Zürich!

Con un sí por respuesta / Take yes for an answer!

(English translation below)
Para todo Zway, por enseñarme muchas más cosas que amárico.
Pues parece que el verano se acaba y antes de que se me llene el blog de germanismos voy a contaros una genialidad etíope. Ya han pasado casi tres semanas desde que volví de Zway, tiempo en el que he contenido las ganas de escribir con prosa azucarada sobre sonrisas, café y palomitas. Pero ya vuelvo a ser capaz de escribir asépticamente de cosas igual de emocionantes (me refiero a la lingüística, OBVIAMENTE), así que aquí va una pequeña sesión de gestos y comunicación no (muy) verbal en Etiopía y más allá.
Si han tratado ustedes alguna vez de comunicarse en una lengua lejana, lejana, de esas con consonantes glotales y verbos con flexión de género, lo más probable es que pensaran: vamos a recurrir a los gestos, que es más fácil. SÍ, YA. Por poner un ejemplo, en Etiopía no se asiente subiendo y bajando la cabeza. Se enarcan las cejas. Y eso, cuando se está en plan silencioso. Cuando no, se traga aire, a veces de forma tan exagerada que, al lego, le puede parecer que a su interlocutor le está dando algún tipo de ataque de ansiedad, que es exactamente lo que me pasó a mí mi primer año. Cada vez que preguntaba algo y me contestaban afirmativamente con tan ruidosa aspiración, me veía en la obligación de preguntar si se encontraban bien, a lo que me respondían con una aspiración todavía más ruidosa, entrando en un terrible círculo vicioso.
(Curiosamente, esta misma aspiración afirmativa se da también en Irlanda y en Escandinavia.)  

Por supuesto, acostumbrarse a enarcar las cejas o aspirar las afirmaciones es una cuestión de días y enseguida deja de sorprenderle a uno que todo el mundo lleve duples o trague aire cuando se le hace una pregunta. Pero me ha recordado a esa escena genial de Malditos bastardos en la que se descubre el pastel por ignorancia gestial. Archie Hicox es un inglés haciéndose pasar por alemán y, al pedir tres vasos levantando el índice, el corazón y el anular se delata, pues los alemanes muestran el tres con el pulgar, el índice y el corazón:
Hace poco (en Bélgica, cosas de la vida), descubrí que los alemanes no son los únicos raritos, y que los surcoreanos dicen tres de la misma forma:

 Ginny, la coreana más dicharachera, mostrando cuántas Leffe quiere.
CIAO, BÄK’A, ÏSHI?
TAKE YES FOR AN ANSWER!
To everyone in Zway, for teaching me so much more than Amharic.
So, summer is over and before this blog gets a Swiss flavour I need to at least mention Ethiopia. It’s been around three weeks since I came back from Zway, and during that time I’ve been refraining myself from filling this up with gooey stories about smiles, coffee and popcorn. But I have already recovered my aseptic-writing skills, which I will use for equally exciting stuff (linguistics, OBVIOUSLY). So here it goes, a tiny dissertation on gestures and (kinda) not verbal communication in Ethiopia and beyond.
If you’ve ever tried to communicate in a really, really distant language, one of those with plosive consonants and gender inflection in the verb, probably you thought that using gestures would make it easier. OR WOULD IT? Just an example, in Ethiopia they don’t nod by moving up and down their heads. They raise their eyebrows. And that’s just when they don’t want to be loud. They can also do it by taking a deep breath, maybe leading the inexpert hearer to believe that they are having an anxiety attack. At least that’s exactly what happened to me in my first year in Zway. Everytime I asked something and obtained an inhalation for an answer, I asked back if they were feeling all right and got a noisier and more worrying inhalation: a terrible vicious circle.
(Interestingly enough, you may get the same inhaled affirmative response in Ireland and Scandinavia.)
 Source 
Obviously, getting used to raise one’s eyebrows or inhaling loudly whenever you want to say yes is a matter of time. But it reminds me of that great scene in Inglourious Basterds when some gestural ignorance spills the beans. Archie Hicox is an Englishman pretending to be German, but he reveals himself when asking for three glasses by showing the index, middle and ring fingers instead of thumb, index and middle fingers, which is the ‘German way’:

Not long ago (in Belgium, life is sometimes weird) I discovered that Germans aren’t alone in their eccentricities: South Koreans show number three in exactly the same way:
Ginny, the liveliest South Korean, showing how many Leffes she wanted.
ቻው በቃ፡ እሺ?