Archivos mensuales: diciembre 2013

La experiencia Lipski

El miércoles pasado aterrizó en Zúrich el profesor John Lipski, superhéroe experto en el español en contacto con otras lenguas y buen conocido de cualquier estudiante de Filología Hispánica. Lo había invitado Johannes Kabatek, responsable desde septiembre de la cátedra de Lingüística Iberorrománica de la UZH —y jefe de servidora—, para dar varias charlas sobre esa su especialidad. Durante el jueves y el viernes, el profesor Lipski ofreció cuatro conferencias (tres el viernes y sin despeinarse), a las que acudieron muchos estudiantes y doctorandos de Zúrich e, incluso, profesores de otras partes de Suiza y Alemania (además de buenos amigos). ¡Un lujo!
Los dos Juanes: John y Johannes.
El jueves, el profesor Lipski nos habló del famoso portuñol, explicándonos que no es una lengua distinta, sino fenómenos de interferencia que se dan inconscientemente cuando hablantes de dos lenguas tan similares como el español y el portugués hablan en la otra, en la no materna. Lipski conoce muy bien las fronteras de Brasil con los países hispanohablantes vecinos y nos mostró, entre otras cosas, cómo la descripción de lo llamado “portuñol” depende crucialmente de la situación socio-política de cada área. En algunas zonas, la frontera es imperceptible; una acera pertenece a Brasil y la otra a Uruguay o para pasar de Brasil a Paraguay solo hay que cruzar un pequeño río, mientras que en otras es necesario pasar un estricto control para llegar de Argentina a Brasil. Esto, claro, tiene consecuencias en cuánto y cómo se habla una, la otra o ambas lenguas.
Las tres sesiones del viernes fueron todavía más interesantes. En la primera expuso el caso del español en contacto con el inglés en los EEUU. ¿Es el spanglish una lengua diferente del español y del inglés? Pues no. Como nos mostró Lipski, los hispanos de los EEUU pueden hablar inglés, español (con bastantes préstamos del inglés, como ocurre en cualquier situación de contacto) o pueden hablar un poco de cada en la misma conversación. Es lo que se conoce como code-switching (‘cambio de código’), fenómeno muy habitual en las situaciones de bilingüismo.
Me gustó mucho el estribillo con el que el profesor Lispki explicó que esta mezcla no supone un menoscabo de ninguna de las dos lenguas, sino que es una habilidad extra que tienen los hablantes bilingües. ¿Por qué el cambio de código? Because we can. Y si no están convencidos, échenle un vistazo a este vídeo —vale con el principio—. 

 
En la siguiente sesión, Lipski nos habló de la llamada media lengua (o chaupi shimi), hablada en Ecuador. Cuidado, que aquí me empiezo a emocionar. La media lengua es una variedad fruto del contacto entre el español y el quechua, pero aquí sí que debemos hablar de una lengua distinta. En media lengua, las palabras léxicas (los sustantivos, los verbos, los adjetivos: casa, silla, querer, comer, guapo y carismática) vienen del español, pero los morfemas gramaticales y la estructura sintáctica (las preposiciones, los morfemas de caso…) son las del quechua. Uau, ¿no? Las lenguas híbridas no son muy comunes, pero interesantes, un rato. Un par de ejemplos:

Español: Vivo en Quito.
Quechua: Quitu-pi causa-ni
Media Lengua: Quitu-pi vivi-ni
Español: Como pan
Quechua: tanda-ta micu-ni
Media Lengua: pan-ta cumi-ni


Insisto, uau. La última sesión se la dedicó al palenquero, lengua hablada en San Basilio de Palenque, Colombia, por descendientes de esclavos cimarrones. El palenquero es un criollo del español. ¿Un lo qué? En algunas situaciones de contacto lingüístico, la organización social hace que este contacto pueda ser muy asimétrico y que la variedad que surge del contacto sea muy peculiar. Un ejemplo de libro es el de los esclavos africanos llevados a América, provenientes de tribus distintas —con lenguas distintas— y que, por supuesto, no sabían español ni portugués. Estos desarrollaban una lengua simplificada (pidgin), con elementos de sus varias lenguas maternas y de la lengua europea superpuesta. Lo emocionante es que, cuando este pidgin se transmite a la siguiente generación, que lo adquiere como lengua materna, esta generación “dota” al pidgin de una estructura gramatical sistemática de la que hasta entonces carecía. ¡Acaba de nacer una lengua criolla! Lo alucinante llega ahora: todos los criollos del mundo presentan estructuras gramaticales muy parecidas, lo que despierta muchas preguntas acerca de nuestro cerebro y la cuestión de qué hay de innato en el lenguaje humano.
Si les interesa oír algún ejemplo del palenquero —o aprender alguna frase—, prueben con este vídeo (hacia la mitad es cuando llegan al meollo lingüístico):

Como adivinarán, salimos todos encantados de la experiencia Lipski. Pero yo diría que no fue solo porque los temas fueran apasionantes, que lo fueron, sino porque supo transmitirnos la honestidad con la que recoge sus datos y trata a sus informantes —y amigos— y mostrarnos que un buen análisis lingüístico —que explique qué fenómenos surgen del contacto y cuáles no ocurren nunca— puede (y debe) ayudar a desterrar los tópicos sobre las variedades que surgen del contacto, generalmente maltratadas socialmente. Porque hacemos muchas cosas con nuestra(s) lengua(s) because we can, sí, pero la estructura del lenguaje nos impone unos límites that are always met.
A ver si se creen que no lo celebramos… Con catering español. What a salmorejo…

Entre signos anda el juego

Yo estaba escribiendo otro post, pero tendré que sacarlo mañana porque, como bien me aconsejan, debo aprovechar el tirón del momento.[1]Supongo que a estas alturas ya han leído o visto todos esto
 ¿Se la habrá vuelto a colar El Mundo Today a los periódicos “de verdad”?
Parece ser que ayer, en el funeral de Mandela, hubo un tipo que se hizo pasar por intérprete de lengua de signos y se la dio a todos (los oyentes, claro) con queso. De ser cierto, y supongo que lo es, porque está en todos los medios (no se me rían, háganme el favor), la historia está entre escandalosa por el poquito respeto del individuo hacia los sordos y tremendamente cómica. Hay que tener morro para colarse en el funeral de Mandela, subirse al estrado al lado de Obama y fingir que se le está interpretando. Para picaresca española y más cara que espalda, este.
Yo no sé ninguna lengua de signos, así que no me atrevo a pronunciarme, pero sí que parece que el señor signa un poco raro (¡qué serio está!, será para que no se le escape la risa). Claro, que también me ha parecido consistente en sus signos, así que ya nos dirán si lo que pasó es que no tenía ni idea de lengua de signos o que estaba signando en una que no era la que entendía el público. Porque, señores, y esto puede ser una sorpresa para muchos: la lengua de signos no es una, sola e internacional, sino que hay un buen montón de ellas. Según Ethnologue, de hecho, hay 137.
Esto puede sorprender a muchos, porque casi todos sabemos muy poquito de las lenguas de signos, pero la gente tiende a pensar que la lengua de signos es una invención y que todos los sordos manejan la misma. Nada más lejos de la realidad, sin embargo. Las lenguas de signos son lenguas naturales, como el español, el chino o el oromo, que surgieron en comunidades de sordos de forma natural y son transmitidas y adquiridas también de forma natural. (Aunque es obvio que las condiciones de aprendizaje de las lenguas de signos no son iguales a las lenguas habladas: si los padres del niño sordo no saben una lengua de signos, el niño no la puede adquirir en casa, por ejemplo, por lo que hay más variedad de casos que en las lenguas habladas). Pero a estas alturas de la vida, los que saben de esto están de acuerdo en que son tan lenguas como cualquier otra.
Y cuando digo como cualquier otra, me refiero a que son profundamente especiales respecto de todas las demás, aunque presentan semejanzas. Tanto las diferencias como las semejanzas de las lenguas de signos con las habladas son muy interesantes para algunos debates de la lingüística, como el de qué hay de universal en el lenguaje. (Uno de los universales lingüísticos más conocidos es el de que todas las lenguas tienen vocales orales. Ya, bueno…)
Y no es el único aspecto de la lingüística que puede revolucionar el tomarse en serio a las lenguas de signos. En ese otro post que estaba escribiendo les voy a contar lo que es un criollo, pero les adelanto que es una lengua nueva que puede crearse en cuestión de dos generaciones. Los criollos hablados surgen a partir del contacto de por lo menos otras dos lengua, también hablados. El único ejemplo del surgimiento de una lengua nueva a partir de la nada (entiéndase como que no es la modificación de otras lenguas previas) nos la da la Lengua de Signos de Nicaragua, que surgió cuando, por vez primera, pudo formarse una comunidad de sordos en el país.
Una vez que ya uno ha aprendido que hay más de una lengua de signos, llega otra sorpresa: “A ver, a ver, un momento, ¿cómo que British Sign Language y American Sign Language? ¡Habrá una del inglés y ya está!”. Pues tampoco. Las lenguas de signos no tienen nada que ver (bueno, nada tampoco, son lenguas en contacto y eso hace que se influyan mutuamente la lengua hablada influya a la signada) con las lenguas habladas en el mismo territorio. Esto es, no son traducciones de una lengua hablada a los signos, sino que ambas son independientes entre sí. Por eso, las familias de las lenguas de signos no tienen nada que ver con las familias de lenguas habladas. Una grande, por ejemplo, es la familia de la lengua de signos francesa, que incluye también a la americana (que no británica y que además significa estadounidense) y a bastantes más. El motivo de que lenguas de zonas tan alejadas estén relacionadas entre sí es simple: la lengua de signos francesa es la que se enseñó en los primeros colegios para sordos estadounidenses, que luego se llevó a otros lugares, etc.
Aunque las lenguas de signos sean como cualquier otra, las comunidades que las emplean no lo son y, de hecho, la existencia de comunidades sordas es bastante reciente en casi todos los lugares del mundo. Esto explica que las lenguas de signos se hayan transportado de un país a otro, pues es un proceso que ha ido de la mano de las iniciativas educativas para la población sorda. Sin embargo, existen también comunidades aisladas en las que el porcentaje de sordos llegó a ser tan alto que la lengua de signos (¡indígena!) se emplea incluso entre los oyentes. Es lo que ocurre con la lengua adamorobe, de Ghana.
Pues sí, amigos, todo esto venía más o menos a cuento de la noticia del impostérprete (la de El Mundo es la primera que he visto y de la que hablo), que me ha recordado lo poquito —¡nada!— que sabía yo de las lenguas de signos antes de 2009, cuando pasé dos semanas en Londres con más de 10 sordos (y 4 intérpretes, dos de ASL —lengua de signos americana— y dos de BSL —lengua de signos británica) aquí. Así que cuando he leído lo de que “Soy sordo y no comprendo lo que dice”, que dicen que dijo uno, he pensado: “Anda, y yo bien que les oigo, pero no comprendo nada de lo que dicen los checos”. Mañana, criollos y contacto de lenguas, ya verán por qué.

[Actualizo brevemente, porque han encontrado al intérprete y ha dicho que sufrió un ataque de esquizofrenia.]




[1] El 10 % de los beneficios de este post es para Fernando Díaz Madrigal. El contrato que así lo indica fue suscrito por el beneficiario motu proprio, a pesar de ser un hombre de ciencias y saber de marketing, también sabe perfectamente cuánto es el 10 % de nada de nada. PERO ES BUENA GENTE.