Archivos mensuales: enero 2016

Disculpe, ¿sabe qué hora es?

Ya se sabe que el comienzo del año da ganas de ordenar y poner orden (que no son lo mismo, pero casi) y de eso va precisamente esta primera entrada de 2016, porque tenemos un jaleo montado en español y no es pequeño: ¿a qué hora es cuándo? Resulta que dividimos el día en partes (mañana, tarde, noche, etc.) y también lo dividimos en horas. Y luego no tenemos ni idea de cuáles de las unas se corresponden con cuáles de las otras. Para muestra, un botón: esta encuesta de Twitter que hice en diciembre, en la que se ven con claridad las dos Españas.

Captura de pantalla 2016-01-10 a la(s) 22.00.23¿A qué hora es el mediodía? A la hora de comer (ca. 14h), por supuesto, pero un 35 % de la población parece confuso

No es este un tema baladí, como demuestra el montón de tuits de respuesta que generó mi tuit (y que generan otros parecidos). No tenemos nada claro cuándo es qué en este país, lo que no nos impide desgañitarnos para defender que es cuando nosotros digamos. Y yo soy muy de desgañitarme (por algo tengo un blog), pero también muy de acompañar el desgañitamiento con un gráfico (que me dé la razón, claro), así que he juntado unos cuantos.

Gracias al visor de Ngrams de Google podemos comparar la frecuencia de varias expresiones en un conjunto de textos (de extensión y composición no demasiado bien explicadas) que van desde 1800 hasta el 2000. Es evidente, eso sí, que el caso del español incluye textos de la península y también de América, por lo que los resultados aquí presentados son “panhispánicos” al más puro RAE–style.

Lo que he hecho es muy sencillo: he comparado expresiones tipo “las dos de la mañana” con “las dos de la madrugada” y “las dos de la noche”, para ver cuáles son más frecuentes. Y después he hecho un gráfico. Y cuando digo gráfico quiero decir un representación visual espantosamente cutre (y de precision ojodebuencubérica), pero qué quieren que les diga, una tiene sus limitaciones. Antes de enseñarles la cutrez, otra advertencia: en algunos casos es posible que las denominaciones fueran ambiguas (¿puede “la una de la mañana” ser las 13h?) y Google no ofrece fácilmente los contextos concretos para revisarlos, así que nos quedamos con el sentido común (No, no puede). Venga. Va. El gráfico:

Reloj 24 horas relleno

Reloj de 24h ladeado con creativo código de colores. Técnica: spray de Paint. Material: fuente de la imagen del reloj.

Ahora que ya han visto mi obra de arte, vamos a desglosarla un poco, mostrando los gráficos en los que está basada. Pero antes, otra advertencia: me voy a referir a las horas de forma simbólica como 1h, 6h, 18h, 23h, etc., que no deben entenderse como 1h = 1:00 a.m., sino como 1h = 00:31 a.m. – 01:30 a.m. ¿Por qué? Porque, aunque las búsquedas que he hecho son solo con la hora (es decir, sin minutos), lo lógico es pensar que la asociación de la hora con la franja del día se corresponde con todas las expresiones que usan el mismo número en la hora: la una y media, pero también la una menos cuarto.

Volvamos al gráfico, que tiene muchas cosas interesantes. La primera es que algunas horas se asocian con una única etapa del día (las 11h son las once de la mañana y punto), mientras que hay otras mucho más promiscuas y alocadas, como la 1h y las 2h, que pueden ser de la noche, de la mañana y de la madrugada. Como para tenerlo claro.

Otra cosa interesante es ver cómo la frecuencia textual de cada expresión representa icónicamente cómo se van apagando algunas partes del día. Por ejemplo, la madrugada está a tope entre la 1h y las 2h (y nótese que la noche le ha ido cediendo paso en los dos últimos siglos):

01_00

02_00 Pero en seguida empieza a decaer y, aunque aguanta el tipo hasta las 4h, entre las 5h y las 6h está ya en las últimas:

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A la tarde le pasa lo mismo; va siendo susituida por la noche poquito a poco. La noche llega desde las 19h, suponemos que por influencia del invierno (aunque nótese que en el siglo XIX ya asomaba —poco— desde las 18h), y llega pisando fuerte, porque la tarde apenas resiste hasta las 20h y, en cuanto nombramos las 21h, desaparece:

18_00

19_00

20_00

21_00Con la noche ocurre más de lo mismo: empieza a decaer a las 24h y colea apenas durante un par de horas más, como se veía en los gráficos de la 1h y las 2h de arriba. Hay, además, una diferencia muy interesante entre las 24h y las 12h: las doce de la medianoche (o de la madrugada) no lo dice nadie, pero las doce del mediodía es todo un hit (reciente, eso sí):

24_00

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Eso sí, me apuesto el cuello a que todos tenemos clarísimo que la medianoche es a las 00:00, pero lo de que el mediodía sea a las 12:00 ya hemos dicho que no lo tenemos tan claro. Es más, hay casos de la una del mediodía (aunque también muy recientemente y escasísimos, la verdad). Todo muy lógico.

13_00

De hecho, si miramos nuestro bello gráfico atendiendo a las partes del día y no a las horas, resulta un auténtico disparate. Para empezar, nuestras mañanas son larguísimas. Empiezan a la 1h y acaban a las 13h. ¡Doce horazas! ¡Medio día entero de mañana! Para que luego digan que somos gente nocturna. Nótense las consecuencias rematadamente absurdas de esto: resulta que ¡apenas dormimos por la noche! Según esto, si usted se acuesta a la 1:00 y se levanta a las 7:30, se ha acostado de madrugada y se ha pasado más de la mitad de la mañana durmiendo. PERO SERÁ VAGO. Y la tarde empieza a las 13h y la noche acaba a las 2:00. Perdonen, pero me da la risa.

En conclusión, resulta que tenemos, por un lado, las partes del día, que asociamos a algunos actos clave —solares y de nuestra rutina, con los consecuentes desajustes—: la mañana empieza al amanecer y acaba a la hora de comer; la tarde empieza a la hora de comer y entre ambas pasa a toda prisa el mediodía; luego tenemos esa franja difusa que es la tarde–noche, entre que salimos del trabajo y cenamos; y, después de cenar, entonces sí, ya es de noche hasta que amanezca (aunque si nos acostamos tarde pillaremos a la madrugada). Por otro lado, sin embargo, asociamos las horas del día a estos nombres (menos a la tarde-noche) siguiendo criterios parcialmente distintos, quizá porque las horas están repes y hay que saber cuál de las dos siete son (sobre todo para poner el despertador), para lo que convienen nombres bien claritos, aunque luego su parecido con la realidad sea casi mera coincidencia (madrugar no es levantarse a la 1:30, sino a las 6:00. O las 7:00. O antes de las 10:00 si es fin de semana). De hecho, la RAE da dos definiciones de mañana, que se corresponden con estas dos posibilidades:

  1. Parte del día comprendida entre el amanecer y el mediodía, o la hora de comer o almorzar.
  2. Parte del día comprendida entre la medianoche y el mediodía.

(En uno de sus alardes de coherencia, da una única definición de noche: “Parte del día comprendida entre la puesta del sol y el amanecer”.)

Resumiendo, que lo de poner orden no era tan fácil, porque hay varios órdenes coexistentes. Y ahora no me vengan con que lo que pasa es que soy una desordenada: YO SÉ PERFECTAMENTE DÓNDE ESTÁN MIS COSAS, AUNQUE TENGAN OTRAS MIL COSAS ENCIMA. Y ahora ya sé de dónde me viene.