Los titulares y la máxima de relevancia

Ya, sí, ¿no digo nada en más de un año y hago dos entradas seguidas? Pues sí. Soy así. Imprevisible. Un espíritu libre, sin ataduras a las reglas de la lógica ni de la rutina. Una plasta, vamos.

Bueno, al lío, que voy a ser breve. Ayer se publicó la siguiente nota de prensa de la Universidad de Nueva York. Si os da pereza pinchar, no pasa nada, que pongo foto:

Captura de pantalla 2015-12-08 a la(s) 19.56.21

El titular no está bien pensado, claro: decir que un equipo de investigadores (¡neurocientíficos, si se sigue leyendo!) han demostrado que Chomsky tiene razón te asegura que toda la comunidad lingüística pinche en tropel. Pero lleva trampa. Una trampa bastante gorda, además. La cuestión es que la idea central de Chomsky, y también la más debatida, la que hace que todos pinchemos en tropel a ver si lo han demostrado de verdad, es que esa gramática (o parte de ella) que está en nuestra cabeza está ahí desde que nacemos. Desde siempre. Es innata. Esa es la base de lo que dice Chomsky y con la que mucha gente no está de acuerdo.

El artículo (que podéis leer aquí) es interesantísimo, pero no demuestra nada de eso. Demuestra (dizque, yo no puedo evaluar trabajos de neurociencia) que nuestro cerebro distingue la existencia de distintos niveles de estructura (concretamente, sílabas, sintagmas y oraciones). Esto es una preciosidad, claro. Ver las fronteras de los sintagmas en las frecuencias de los impulso eléctricos del cerebro. Una maldita maravilla.

Pero no da la razón a Chomsky. Bueno, o sí. Pero no solo. La existencia de distintos niveles de estructura es ampliamente aceptada por la mayoría de los lingüistas (y supongo que todos admitimos que los tenemos dentro de la cabeza y no en el bolsillo trasero del pantalón o en la uña del dedo meñique). Y es una idea bastante más antigua que Chomsky. Miren qué bien lo expresaba Bello en su Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, allá por 1847 (la negrita es mía):

“La palabra dominante en la oración es el sustantivo sujeto, a que se refiere el verbo atribuyéndole alguna cualidad, acción, ser o estado. Y en torno al sustantivo sujeto o al verbo se colocan todas las otras palabras, las cuales, explicándose o especificándose unas a otras, miran, como a sus peculiares últimos puntos de relación, las unas al sustantivo sujeto, las otras al verbo”.

Titulando como titulan, sin embargo, uno lo lee rápido, piensa: “Hala, Chomsky tenía razón” y “¡Además lo dicen científicos de verdad!” (como bien me ha apuntado Paula esta mañana) y tuitea, así, a lo loco:

Captura de pantalla 2015-12-08 a la(s) 20.20.01

Y, claro, no.

Un poco como si alguien titulara una noticia: “La Biblia tenía razón: demuestran con restos biológicos que Jesús existió”. Por la máxima de relevancia, que dice que no solemos decir cosas que no vienen a cuento, y teniendo en cuenta que hay poca duda de que Jesús, efectivamente, existió, seguro que alguien tuitearía a toda prisa: “La Biblia tenía razón: demuestran con restos biológicos que Jesús era el hijo de Dios”. Y, claro, no.

Un comentario en “Los titulares y la máxima de relevancia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>