¿Debe hacer la lingüística una moción de censura a la filología?

Un día como hoy de hace 152 años nació Ramón Menéndez Pidal, padre de la filología española. La filología es esa disciplina que busca entender un texto escrito en toda su plenitud, para lo que se necesita comprender su contexto histórico, literario y textual, además de conocer bien las características de la lengua del autor y de la época. Entre otras muchas cosas, Menéndez Pidal puso los fundamentos de nuestro conocimiento sobre la historia y formación de la lengua española, la épica medieval y el Romancero, creando un edificio del saber sobre el que seguimos trabajando hasta hoy mismo. Revisándolo y mejorándolo, claro está, pero siempre apoyados en los andamios que montó don Ramón. En palabras de su nieto, Diego Catalán (y director de tesis de mi directora de tesis, añado), esto fue posible gracias a su «utilización del utillaje intelectual desarrollado por la ciencia” humanística puntera en la Europa del último tercio del XIX, la filología”» (las comillas son suyas; su interpretación, vuestra).

A 13 de marzo de 2021 esa ciencia puntera en el XIX se ve a veces como algo viejuno, lo que no sorprende en una época en la que para rebatir un argumento nos basta con llamar boomer al que lo sostiene. Un ejemplo de esa percepción de viejunez: la Filología Hispánica que yo estudié cambió de nombre con la reforma de Bolonia y adoptó el de Estudios Hispánicos, que es mucho más moderno, como todo lo anglo. Pero hay que admitir que el plan de estudios que yo seguí ya no era muy filológico: la separación entre lingüística y crítica literaria era palmaria, reflejo de cómo funciona hoy en día el grueso de la investigación en estos campos. La filología se ha ido quedando arrinconada como una excentricidad de los medievalistas o los lingüistas históricos y de ahí, supongo, que cunda la idea de que la lingüística debería desprenderse de ella en una especie de moción de censura, no por corrupta ni por guerras intestinas, sino por anticuada e innecesaria.

Como disciplina, la lingüística cambia el foco: del texto a la lengua y del contexto histórico al social (si eso) y, sobre todo, le da importancia a lengua oral, lo que parece entrar en contradicción pura con la filología. Y la filología se fue convirtiendo en la hermana pequeña de la lingüística (si eso). Creo que en algún momento también lo vi así. Al fin y al cabo, ¿qué se me da a mí, interesada en la morfosintaxis dialectal del español, si debemos enmendar el verso 2864 del Cantar de Mio Cid, que parece no tener ni pies ni cabeza?:

Lorauan delos oios las dueñas Albarfanez

E Pero Vermuez otro tanto las ha

¿Será la lectura correcta conortado las ha [conortar es ‘confortar, consolar’], otro tanto lo faz [referido lo a llorar], otro tanto los ha [refiriéndose los a los ojos]? ¿Qué tiene que ver esto con el comportamiento de las construcciones reflexivas en las variedades peninsulares rurales, a las que dediqué mi tesis? ¿En qué se parece esta labor de reconstrucción textual a mis tareas de dialectóloga, inmersa en entrevistas a informantes del rural español? (Que Menéndez Pidal también puso las primeras piedras de la Dialectología Hispánica es otro cantar, que recitamos aquí.)

En realidad solo hace falta prestar un poquito de atención mientras una transcribe lengua oral para encontrarse en bretes bastante similares. Si escucho lasniñasescriben, ¿cómo lo transcribo, las niñas escriben o las niñas se escriben? Porque suenan exactamente igual. (Oh, vaya, ¿qué decías de construcciones reflexivas?) Para llegar a la mejor transcripción posible, que nunca será perfecta y que siempre tendrá lecciones (¿escuchas?, holi, Villarejo) discutibles, igual que le pasa a nuestro Cid, hay que conocer lo mejor posible la variedad de lengua empleada y el contexto de la entrevista, además de darle muchas vueltas.

Vale, bueno, al fin y al cabo, es normal que para fijar un texto oral hagan falta herramientas similares a las necesarias para fijar un texto escrito. Pero, en la época del big data, donde puedo acceder a miles de ejemplos en unos segundos, incluso descargarme tuits de forma automática para investigar el habla coloquial más moderna y actual, ¿qué sentido puede tener dedicarle horas a estos detallitos? Los detalles son ruido estadístico, ya se sabe. Lo cierto es que a veces pienso que leer e interpretar tuits puede que sea más difícil que examinar documentación medieval (luego recuerdo mis nulos conocimientos de paleografía y se me pasa). Pero interpretar breves textos descontextualizados, de todas las variedades hispánicas, escritos generalmente a gran velocidad, con el riesgo de erratas que eso conlleva y el desafío para el raciocinio humano que supone el autocorrector es la tarea más modernamente filológica que se me puede ocurrir (junto con cotejar exámenes online en tiempos de pandemia: rastrear procesos de copia es otra de las esencias de la filología).

Hace poco me encontré un montón de tuits con la oración nadie me Juan, absolutamente incomprensible a mis ojos peninsulares, pero que proliferaba en tuiteros argentinos y urugayos. El contexto me obligaba a entenderlo como “nadie se fija en mí, nadie me hace caso”, ¿pero qué disparate sintáctico es ese Juan? Pues ese Juan es lo que hace el autocorrector con la forma juna, del verbo junar, que significa ‘observar’ o ‘advertir’ y que se usa en los países del Río de la Plata.

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Vamos, que a la tipología de errores que cometen los copistas tendremos que añadir ahora la de los perpetrados por el autocorrector o incluso por el OCR, como se extienda una práctica editorial que he descubierto recientemente de escanear obras antiguas e imprimirlas sin una mínima revisión.

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“En vario” no es un capricho lingüístico de Santiago Ramón y Cajal para decir “en vano” , sino una metedura de pata cometida por un ordenador y solo atribuible a un editor más vago que la chaqueta de un guardia

Así, a 13 de marzo de 2021, me da que la filología no es separable del ejercicio mínimamente riguroso de la lingüística empírica, porque tiene que ver con entender que la lengua es mucho más compleja que mirar una amplia lista de ejemplos semidescontextualizados. Dice Inés Fernández-Ordóñez (mi directora de tesis) que

[l]os proyectos, las ideas y los métodos de Menéndez Pidal responden al tiempo y la circunstancia que le tocó vivir y, como no podría ser de otro modo, hoy ha cambiado nuestra forma de ver las cosas y somos críticos con muchos de sus planteamientos. Sin embargo, si su recuerdo ha perdurado en nuestra memoria no es tanto por los caminos abiertos y los hitos alcanzados (que también), sino sobre todo por los valores que transmite su ejemplo. Son esos valores los que mantienen una absoluta actualidad: el compromiso con la investigación rigurosa y bien hecha, basada en el planteamiento de problemas nuevos y complejos, con ambición de miras, alejada del afán rápido de notoriedad y de las prisas por publicar escribiendo de acarreo. La conciencia de que el buen investigador y el buen maestro, por muy singular que sea en sus virtudes personales, es el eslabón de una cadena y que lo verdaderamente importante es el trabajo en equipo y la continuidad de los proyectos. La generosidad con los demás. La honestidad intelectual y personal, probada con el ejemplo del comportamiento propio, siempre rehuyendo la crítica fácil y desmesurada del ajeno. La lealtad institucional y el compromiso con el bien público. Son precisamente esos valores los que explican que la figura de Ramón Menéndez Pidal haya transcendido a su presente.

Evidentemente, he ido añadiendo esos paréntesis con indicaciones de las tesis dirigidas henchida de orgullo por ser este el linaje académico del que desciendo. Mejor dicho, la cadena de la que solo soy un eslabón. Como verán, además de un orgullo, es un listón muy alto. Y lo mismo le pasa a nuestra actual lingüística hispánica, que es un eslabón más de la cadena de que forma parte la filología española: otro orgullo y otro un listón muy alto. ¿De verdad queremos sacar las tenazas y cargarnos la cadena? Ojo, que las mociones de censura las carga el diablo.

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Nota bibliográfica

La cita de Inés Fernández-Ordóñez sale de su introducción al volumen El legado de Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) a principios del siglo XXI, que acaba de editar (2020, Anejos de la Revista de Filología Española). De este mismo volumen saco la cita de Diego Catalán, de su “Ramón Menéndez Pidal. Un perfil biográfico”.  Las lecturas del Cantar del Cid salen del artículo de Javier Rodríguez Molina “Dos lecciones controvertidas del Poema de Mio Cid: versos 568 y 2864″ escrito en 2010. Los ejemplos de Mi infancia y juventud de Santiago Ramón y Cajal están en la edición de Prames, muy cuidada por fuera y tristemente desatendida por dentro.

6 comentarios en “¿Debe hacer la lingüística una moción de censura a la filología?

  1. Muy buena entrada. Cada día me pregunto para qué sirve un filólogo, además de para dar clase a adolescentes de lengua y cultura literaria. Mi convicción personal, a la que me agarro en momentos de crisis, es que la tradición cultural española, y en español, es lo suficientemente importante como para que los filólogos sigamos interesándonos en versos del Cid, en pasajes del Quijote o en el español de sor Juana. Quiero decir, el filólogo, como rescatador de la historia cultural, es el que conserva y conversa con la tradición. Y la tradición importa, aunque decir esto no esté de moda.

    1. ¡Muchas gracias! Yo creo que podemos servir para muchas cosas, tanto como filólogos-filólogos como especialistas en lingüística o literatura: el mundo editorial, la lingüística computacional, la lingüística forense, que es súper filológica… :)

  2. En mis tiempos, primeros años de la década de los 70, se estudiaban ambas disciplinas, junto con Historia de la Literatura Española. Así, teníamos Gramática Histórica, Dialectología, Geografía Lingüística, etc., junto a Fonología, Lingüística General y otras. Así que nuestra formación, ecléctica, fue muy completa. El artículo es muy interesante y muy cierto lo que defiendes. Tal vez deberían ir las familias de disciplinas en especialidades separadas. Saludos.

    1. Yo también tuve prácticamente todas esas asignaturas a principios en la primera década del XXI :) Ahora no sé bien cómo se llamarán, pero supongo que serán parecidas, aunque el nombre de la carrera, al menos donde yo estudié, sí ha cambiado.

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