Archivos mensuales: octubre 2016

Oriente 2016

Hace dos fines de semana tuve la suerte de volver a participar en las campañas de encuesta del COSER, de las que ya os he hablado aquí, aquí, aquí y aquí. Volvimos a poner rumbo hacia el oriente: encuestamos pueblos de Castellón, Tarragona y Valencia entre sábado y domingo, en lo que se denomina técnicamente como una señora paliza. Éramos nueve coches (¡dos venidos desde Ciudad Real!) y casi 50 encuestadores. Aquí nos tenéis a la mayoría, con el castillo de Peñíscola al fondo:

img-20161023-wa0030

Lingüísticamente fue, como siempre, interesantísimo: yo volví a recoger unos cuantos casos de mi adoradísimo se con verbo en 2ª persona del plural (aunque ningún caso en 1ª esta vez, lo cual es igual de interesante; si tenéis mucho interés por los detalles técnicos, disfruté como una enana escribiendo esto): ¡se vais a ir cargaos!, nos advertía Juan, mientras nos regalaba guixasos, tomate en conserva, almendras y vino, todo de su propia cosecha. Pudimos escuchar, además, muchos rasgos típicos del contacto entre español y catalán: casi que todos los informantes habían de explicarnos que era eso de los guixasos, aunque tampoco no nos quedó muy claro hasta que lo vimos con nuestros propios ojos. Ahora te explicaré qué son: unas legumbres parecidas a los garbanzos, aunque más blancas. Informantes ha habido de republicanos y de nacionales y todos nos han tratado igual de bien. Por cierto, que lo de entrevistar en pueblos no solo da alegrías lingüísticas, sino también perspectiva sociológica: de una punta a otra del país (y probablemente también traspasando fronteras nacionales) encuentras personas a las que se les iluminan los ojos recordando que el rabo del cerdo se lo comían ellos, los niños (porque el informante siempre se convierte en niño cuando mencionas el rabo del cerdo); coincidencia en describir el nacimiento de los pollitos como precioso; unanimidad en explicar que a las parturientas se les daba caldo de gallina y, si se podía, chocolate… Sea cual sea su lengua materna, sea cual sea el partido al que votan; sus experiencias, su cultura y su sabiduría son tan similares como ricas en matices y esto resulta tan claro que las ganas de dividir de algunos no pueden más que apenar, pero me estoy yendo del tema.

Si lingüísticamente fue interesantísimo, personalmente fue también genial: aunque tres días no son suficientes para conocer a todo el grupo, sí son auténticamente intensos para los subgrupos que conformamos un coche y yo tuve la suerte de estar acompañada por tres alumnos que eran puro buen humor, pura simpatía, pura energía y puro interés. Para que os hagáis una idea de lo estupendos que eran: no solo me aguantaron que les pusiera los grandes éxitos de Jorge Negrete (cantados por alguien que no era Jorge Negrete), sino también que los arrastrara al museo de Carles Salvador, en Benassal (Castellón). ¿”Carles quién”, te preguntas?

img_20161022_133832

Fan picture de la menda

Carles Salvador (1893–1955) fue un gramático valenciano que defendió muy activamente una renovación pedagógica que incluía que la escuela se impartiera en valenciano. Formó parte del grupo de escritores, editores y maestros valencianos que firmaron en 1932 las “Bases per a la unificació de l’ortografia valenciana” o “Normes de Castelló”, un esfuerzo normativo que unía la norma ortográfica del valenciano con la que había impulsado Pompeu Fabra para el catalán en 1931. De todo esto tampoco sabía yo nada antes de entrar a su museo en Benassal, que era el pueblo de su mujer y en el que enseñó durante casi 20 años. Sí sabía, sin embargo, que había escrito una Gramática valenciana, que he consultado y citado, y admito que me hizo ilusión descubrir que acababa de encuestar a una señora maravillosa en un pueblo dedicado por entero a su figura. Y allí que me acompañaron, angelicalmente, María, Moritz y María.

img_20161022_134217

Porque todos no pueden ser ángeles de Charlotte, ¡hay que trabajar alguien!

Sepa usted… que no sepo nada. Digo, a nada.

A mi perra le encanta dar muestras de su cariño lamiéndonos. En verano, con los pantalones cortos, somos para ella un auténtico festín, sobre todo si acabamos de encremarnos, que le parece un condimento excelente. Circunstancias así son de las no muy abundantes que dan lugar a emplear el verbo saber, cuando significa ‘tener sabor’, en personas gramaticales distintas de la 3ª:

—¡Deja ya de lamernos! ¿A qué sabremos?

—Ya está lamiéndote, es porque sabes a crema.

—¿Otra vez lamiéndome? ¿Pero a qué _______?

¿Cómo completarían ustedes esa última frase (usando el verbo saber, claro está)? Es verdaderamente interesante que existan dos contendientes: y sepo. Es interesante porque este verbo saber es exactamente el mismo que el de Solo sé que no sé nada y nadie duda de que Solo sepo que no sepo nada es un auténtico disparate. Pero ¿a qué sé? y ¿a qué sepo? sí causan dudas. ¿Por qué esta diferencia?

Aunque estos dos usos de saber tengan etimológicamente el mismo origen, no cabe duda de que tienen ya significados muy distintos. De hecho, en otras lenguas no tienen nada que ver, como en inglés: to know, pero to taste. Y no es infrecuente que palabras derivadas de distintas acepciones de una misma palabra tomen sufijos también distintos:

importancia < importar = tener valor (no pecuniario)

importe < importar = tener valor (pecuniario)

importación < importar = comprar de fuera de nuestras fronteras

El caso de saber, sin embargo, es diferente, porque la diferencia entre y sepo no es un caso de derivación (no se crean nuevas palabras que vienen de saber), sino de flexión (son formas distintas de la misma palabra, el verbo saber). Por lo tanto, además de la diferencia de significados, influyen otros factores, el más importante de los cuales es la (baja) frecuencia con la que se usa saber ‘tener sabor’ en la 1ª persona del singular. La forma es muy irregular y solo encontramos una forma similar en haber:

saber –––––– yo sé

haber –––––– yo he

Solo las formas muy frecuentes pueden permitirse ser así de irregulares: si las usamos mucho, las tenemos siempre frescas en la memoria y no importa tanto que no sigan las reglas que todos los demás verbos. Cuando las formas irregulares son infrecuentes, tienden a desaparecer: piensen en el poco éxito de yugue (por yací)o de anduve (por andé).

Estas formas irregulares poco frecuentes tienen a ser reemplazadas por otras formas que siguen los patrones regulares de la conjugación, es decir, por analogía con otras formas. Vamos, siguiendo una “regla de 3”:

cantar –––––– canté

andar ––––––– X = ¡andé!

Lo precioso del caso de sepo es que esta forma sigue siendo irregular: la forma regular debería ser sabo, a semejanza de otros verbos regulares como sorber o lamer (sorbo, lamo), como bien saben los niños que aprenden español. Sepo es una forma que sigue la irregularidad que presenta saber en el subjuntivo (sepa, sepas), creándose así un patrón de conjugación común en muchos verbos irregulares del español, en los que la 1ª persona del presente de indicativo se asemeja a las formas del presente del subjuntivo y se diferencia del resto del presente de indicativo:

tengo          tenemos          tenga               tengamos

tienes          tenéis              tengas             tengáis

tiene           tienen              tenga              tengan

 

quepo         cabemos         quepa             quepamos

cabes          cabéis             quepas                        quepáis

cabe           caben              quepa             quepan

 

sepo            sabemos         sepa                sepamos

sabes          sabéis             sepas               sepáis

sabe           saben              sepa                sepan

 Lo irregular es muchas veces regular, pero a lo Frank Sinatra: a su manera. ¿A que es bonita la morfología?

Bonus track: Aunque la forma normativa de saber ‘tener sabor’ en la 1ª persona del indicativo es (es decir, igual que en saber ‘conocer’), la forma sepo es en realidad la etimológica y viene directamente del latín sapiō> saipo > sepo, igual que quepo viene directamente del latín capiō> caipo > quepo(ese cambio de posición de la –i– se conoce en términos técnicos como metátesis de yod, por si no soportaban la curiosidad). La forma es en sí misma analógica, a partir del modelo de haber, lo que significa que en términos objetivos es… igualita que sabo. Repito, ¿a que es bonita la morfología?