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Ca padres, por Navidad

Acaban de entrar un montón de palabras en el Diccionario de la Lengua Española (las pueden consultar aquí) y acaba de salir un artículo mío sobre una palabra (¿dos?) que todavía no está. ¿Casualidad? Ya lo creo. La palabra en cuestión es ca, con el significado de ‘casa’, que han oído ustedes mil veces en ejemplos como estos (sacados del COSER):

  • Vamos esta noche en ca mi tía (Barrax, Albacete)
  • Comían a ca su suegra (Orellana de la Sierra, Badajoz)
  • Vas a buscarlas an ca los matanchines (Alaraz, Salamanca)

Estos usos en español se consideran vulgares y están bastante restringidos a las variedades rurales, aunque es una pena: fíjense en el francés, que con el mismo origen ha creado una preposición de lo más molona, chez. Ese origen de ca es fácil de imaginar: a partir de una secuencia como en casa de se empieza a producir un proceso de desgaste fonético: la preposición de se pierde con bastante facilidad (maestro escuela), entre otras cosas porque la d que aparece entre vocales se pierde con muchísima facilidad (cantao, to…). El paso de casa a ca es más raro: parece que hubo un paso intermedio cas, del que les hablo luego. Y luego queda una cosa interesante: la preposición que va delante. Si se fijan en los ejemplos de arriba, a veces tenemos en cuando normalmente diríamos a —porque es un verbo de dirección— o viceversa —con verbos estativos tenemos a—, y ¡hasta tenemos una preposición mixta an! Lo primero se debe a usos antiguos de la preposición en; lo segundo, quizá a una sobregeneralización de a, y lo tercero, a una fijación de la secuencia en ca, que al congelarse, puede aparecer precedida de otras preposiciones. Esta preposición puede incluso llegar a perderse (dando un resultado sintácticamente idéntico al chez francés):

  • Que es que voy ca Ceferina (Pedro Jiménez López, Cascarroteos y Repalandorias, 1912)

En el artículo investigo tanto la distribución dialectal de ca como su historia. Lo primero que llama la atención es la tremenda variación que se encuentra en español a este respecto. Consultando corpus de entrevistas orales y de textos escritos, así como los atlas lingüísticos encontramos que cualquiera de las formas posibles, ya sea ca, cas o casa, puede aparecer seguida o no de la preposición de y precedida de cualquiera de las preposiciones indicadas anteriormente en cualquier contexto o, incluso, sin preposición. Un caos, vamos. Pero en realidad el caos no es absoluto, porque sí hay algunos patrones más frecuentes que otros. La ausencia de de y el uso de en con verbos de dirección, por ejemplo, son mucho más frecuentes con ca que con cualquiera de las otras dos formas.

Otro hallazgo interesante que nos dan los atlas (aunque esta información es bastante parcial), es que las formas reducidas son frecuentes en todas las variedades peninsulares del español excepto… en la zona del navarro-aragonés. La ausencia de ca en español estándar, entonces, no viene de una cuña castellana —¿les suena? Sí, hombre, la hipótesis de Menéndez Pidal de que el español se extendió hacia el sur en forma de cuña desde Castilla—, sino que podría tener origen navarro-aragonés. No sería la primera vez que pasa. (Y, si esto les parece interesante, no puedo más que recomendarles vivamente el discurso de ingreso en la RAE de Inés Fernández-Ordóñez. Lo pueden leer aquí y/o ver aquí.) Ah, por cierto, en Canarias se prefiere la forma casa, pero cuando se usa la reducida, la más común es cas y no ca.

Estos datos vienen del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica, del que ya hablamos aquí, y se los tengo que agradecer a Ana Estrada Arráez, que me los prestó en pleno confinamiento

El estudio de la historia de ca es difícil, porque su carácter vulgar o rural hace que sea difícil seguirle la pista en textos escritos… Salvo algunas documentaciones aisladas más tempranas, esta forma empieza a aparecer en los textos a partir del siglo XIX y siempre puesta en boca de hablantes de los estratos sociales bajos o en textos de la oralidad popular:

Estos datos vienen de todos los corpus textuales que pone la RAE a disposición de cualquiera

Pero los textos nos muestran algo muy interesante: la forma semirreducida cas fue bastante usada desde el siglo XV hasta el XVII y entonces no se considera necesariamente una forma vulgar… Miren, miren quiénes la usan:

  • Pássate por en cas de vn aloxero, y díle que me muero. (Lope de Vega, 1605)
  • Llevarte en cas de busconas es sola tu medicina […] (Francisco de Quevedo, 1621)

Y esta es un poco toda la movida. Que he pensado que de vez en cuando no está de más compartir las cosas académicas que voy haciendo. Y eso, que… ¡feliz Navidad!

Un par de palabras

Empiezo este post con el título de una canción de Hombres G, no porque Spotify acabe de decidir revelarnos ocultos secretos de nuestra personalidad nada sorprendentes, sino porque hace dos semanas exactas descubrí, bueno, confirmé, que mi nivel de alemán estándar es mucho peor del que todo el mundo se empeña en creer. Y una de las estupendas consecuencias fue aprender que la palabra Wort, que significa ‘palabra’, tiene dos plurales en alemán: Wörter y Worte. A ver, tener dos plurales no es lo más fascinante de esto, sino que cada uno de ellos ¡se refiere a una acepción distinta de Wort! Mientras que Wörter se refiere a ‘palabra’ en el sentido estricto, es decir, ‘unidad lingüística con significado’, Worte se refiere a ‘palabra’ como ‘discurso’.

Es decir, para una frase como «En esta oración hay tres palabras que no comprendo» usaríamos Wörter, mientras que en una frase como «Nos dijo algunas palabras de ánimo» usaríamos Worte. Por eso diccionario se dice Wörterbuch (como habrán adivinado, ‘libro de palabras’), mientras que para charlatán existe Wortemacher, que literalmente significa ‘hacedor de palabras’.

Este caso es muy parecido a uno que comenté aquí hace ya un lustro (se dice pronto): el de la contienda entre y sepo como primera persona del singular del verbo saber cuando significa ‘tener sabor’. Lo apasionante de estos casos es que en ellos es la flexión y no la derivación la que se emplea para marcar dos acepciones distintas. Esto no es muy común, sobre todo porque la flexión no suele presentar tantas alternativas morfológicas como la derivación. Es decir, para crear sustantivos a partir de verbos tenemos –miento (tratamiento), –ción (perdición), –azgo (liderazgo), –anza (templanza), entre otras muchas posibilidades, y podemos elegir entre ellas con cierta libertad.

Los morfemas flexivos, como los del plural, presentan muchas menos formas y estas suelen repartirse en virtud de criterios fonéticos o morfológicos bastante claros. El caso del plural del español es paradigmático (valga el chiste, que es para muy cafeteros): a grandes rasgos, las palabras acabadas en vocal toman –s (casa ~casas), las palabras acabadas en –s no cambian (crisis ~ crisis) y las palabras acabadas en otras consonantes o en semivocal toman –es (camión ~ camiones, rey ~reyes). El margen de error es muy pequeño: quitando algunos préstamos, que sí dan más problemas, también son problemáticas las palabras agudas que acaba en –í o en –ú (¿esquís, esquíes o esquises?, ¿menús o menúes?), pero son muy pocas.

Con las terminaciones de género viene a pasar lo mismo. El femenino presenta algunas posibilidades más de formación y genera algunos dobletes (como fuerza {motriz/motora}). De hecho, estos dobletes nos dan por lo menos un caso de diferenciación semántica: directriz, que significa’norma’, y directora, que significa ‘mujer que dirige’. Este es un caso equiparable al de Wörter/Worte, que también es posible en alemán porque en esta lengua del infierno maravillosa existe un buen puñado de morfemas del plural.

En fin, que un traductor se encontraría con un problema para traducir el título de la canción de Hombres G. Aunque en principio parece obvio que Un par de palabras debería ser Ein paar Worte, porque aquí palabras vale por ‘discurso, algo que decir’, en otra canción suya, No te tengo a ti, acuden a un interesante juego de dobles sentidos:

Para qué escribir canciones, a quién quiero mentir
Para qué un par de palabras, te quiero y no lloraré

Un par de palabras, Te quiero y No lloraré son títulos de canciones suyas, pero la oración resultante de esta lista de canciones también tiene una lectura literal que se aprovecha del hecho de que un par puede ser un indefinido (cuando significa ‘unas cuantas’) o tener un valor numérico concreto (cuando significa ‘dos’). En el primer caso, el alemán usaría Worte, pero en el segundo… creo que preferiría Wörter.

Así que cuando os digan lo de «El alemán tiene muchas cosas intraducibles, algunos conceptos solo se pueden decir en alemán, por eso es la lengua de la filosofía» podéis contestar ufanamente «Bueno, pero no daría para traducir bien a Hombres G, así que tampoco nos flipemos».