Sepa usted… que no sepo nada. Digo, a nada.

A mi perra le encanta dar muestras de su cariño lamiéndonos. En verano, con los pantalones cortos, somos para ella un auténtico festín, sobre todo si acabamos de encremarnos, que le parece un condimento excelente. Circunstancias así son de las no muy abundantes que dan lugar a emplear el verbo saber, cuando significa ‘tener sabor’, en personas gramaticales distintas de la 3ª:

—¡Deja ya de lamernos! ¿A qué sabremos?

—Ya está lamiéndote, es porque sabes a crema.

—¿Otra vez lamiéndome? ¿Pero a qué _______?

¿Cómo completarían ustedes esa última frase (usando el verbo saber, claro está)? Es verdaderamente interesante que existan dos contendientes: y sepo. Es interesante porque este verbo saber es exactamente el mismo que el de Solo sé que no sé nada y nadie duda de que Solo sepo que no sepo nada es un auténtico disparate. Pero ¿a qué sé? y ¿a qué sepo? sí causan dudas. ¿Por qué esta diferencia?

Aunque estos dos usos de saber tengan etimológicamente el mismo origen, no cabe duda de que tienen ya significados muy distintos. De hecho, en otras lenguas no tienen nada que ver, como en inglés: to know, pero to taste. Y no es infrecuente que palabras derivadas de distintas acepciones de una misma palabra tomen sufijos también distintos:

importancia < importar = tener valor (no pecuniario)

importe < importar = tener valor (pecuniario)

importación < importar = comprar de fuera de nuestras fronteras

El caso de saber, sin embargo, es diferente, porque la diferencia entre y sepo no es un caso de derivación (no se crean nuevas palabras que vienen de saber), sino de flexión (son formas distintas de la misma palabra, el verbo saber). Por lo tanto, además de la diferencia de significados, influyen otros factores, el más importante de los cuales es la (baja) frecuencia con la que se usa saber ‘tener sabor’ en la 1ª persona del singular. La forma es muy irregular y solo encontramos una forma similar en haber:

saber –––––– yo sé

haber –––––– yo he

Solo las formas muy frecuentes pueden permitirse ser así de irregulares: si las usamos mucho, las tenemos siempre frescas en la memoria y no importa tanto que no sigan las reglas que todos los demás verbos. Cuando las formas irregulares son infrecuentes, tienden a desaparecer: piensen en el poco éxito de yugue (por yací)o de anduve (por andé).

Estas formas irregulares poco frecuentes tienen a ser reemplazadas por otras formas que siguen los patrones regulares de la conjugación, es decir, por analogía con otras formas. Vamos, siguiendo una “regla de 3”:

cantar –––––– canté

andar ––––––– X = ¡andé!

Lo precioso del caso de sepo es que esta forma sigue siendo irregular: la forma regular debería ser sabo, a semejanza de otros verbos regulares como sorber o lamer (sorbo, lamo), como bien saben los niños que aprenden español. Sepo es una forma que sigue la irregularidad que presenta saber en el subjuntivo (sepa, sepas), creándose así un patrón de conjugación común en muchos verbos irregulares del español, en los que la 1ª persona del presente de indicativo se asemeja a las formas del presente del subjuntivo y se diferencia del resto del presente de indicativo:

tengo          tenemos          tenga               tengamos

tienes          tenéis              tengas             tengáis

tiene           tienen              tenga              tengan

 

quepo         cabemos         quepa             quepamos

cabes          cabéis             quepas                        quepáis

cabe           caben              quepa             quepan

 

sepo            sabemos         sepa                sepamos

sabes          sabéis             sepas               sepáis

sabe           saben              sepa                sepan

 Lo irregular es muchas veces regular, pero a lo Frank Sinatra: a su manera. ¿A que es bonita la morfología?

Bonus track: Aunque la forma normativa de saber ‘tener sabor’ en la 1ª persona del indicativo es (es decir, igual que en saber ‘conocer’), la forma sepo es en realidad la etimológica y viene directamente del latín sapiō> saipo > sepo, igual que quepo viene directamente del latín capiō> caipo > quepo(ese cambio de posición de la –i– se conoce en términos técnicos como metátesis de yod, por si no soportaban la curiosidad). La forma es en sí misma analógica, a partir del modelo de haber, lo que significa que en términos objetivos es… igualita que sabo. Repito, ¿a que es bonita la morfología?

4 comentarios en “Sepa usted… que no sepo nada. Digo, a nada.

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