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De etimologías y casualidades

 Dedicado a María Sanjuán y a Jaime Alemany
 
Hay palabras a las que se les coge cariño. Palabras que nos hacen tilín. Algunas palabras nos gustan por cómo suenan (a mí me pasa con ráfaga), a otras les hemos cogido cariño porque nos recuerdan a nuestro pueblo, a nuestra infancia (emparedado es una palabra que siempre asocio a los libros de Los cinco) o a nuestra familia (mi mejor amiga y toda su familia utilizan la palabra flipar como sinónimo de dormir. Y se quedan tan anchos). Hoy le dedico este post a una palabra que conocí ayer (y a dos amigos), que ya se ha convertido en una palabra de esas para mí. 
Hallábame yo buscando en la red el significado de la palabra pindio (que ha resultado ser ‘empinado’ y se usa fundamentalmente en Cantabria y Palencia), cuando encontré una página web dedicada a proteger esas palabras que nos dicen algo (o mucho) solo a unos pocos, y por eso están desapareciendo. Se llama “Reserva de Palabras” y la idea es que en ella puedes apadrinar palabras en vías de extinción. Os la recomiendo a todos.
Pero, a lo que yo iba, ayer, investigando en la susodicha web me encontré con la palabra ababa. Enseguida hice clic sobre ella, porque me recordó a una palabra amárica (de la lengua oficial etíope): abbaba es la palabra que se emplea para dirigirse a un anciano desconocido, de forma respetuosa. Pensando: “¿tendrá algo que ver?”, cliqueé. Y resultó que ababa significa ‘amapola’. Fogonazo y otro recuerdo etíope: abeba significa ‘flor’ en amárico (y Addis Abeba, la capital, ‘Nueva Flor’). Por supuesto, me fui corriendo al diccionario de la academia (que no es muy bueno, pero está online) a buscar la etimología de ababa. Según la academia es una derivación regresiva de ababol, que también significa ‘amapola’. Una derivación regresiva significa, más o menos, que de una palabra más larga sale una más corta; como perdón, que viene de perdonar y no al revés. La cuestión es que me escamó, primero porque como derivación regresiva no acaba de convencerme (porque las dos palabras siguen teniendo el mismo significado) y segundo, porque ababol se parece menos a abeba que ababa y eso me fastidiaba el descubrimiento. La etimología de ababol (y amapola) es bastante apasionante para los locos de las etimologías (de ahí mi dedicatoria): vienen del mozárabe, pero en mozárabe se formó a partir una palabra latina (papāver) influenciada por la palabra árabe abb ‘semilla’[1] y ¡tachán! ahí tenemos el nexo con el amárico, que también es una lengua semítica. 
Con estos datos ya me encontraba totalmente emocionada por mi investigación, pero me temo que no he llegado mucho más lejos. No existe ningún diccionario etimológico del amárico que me pueda decir si abeba es un préstamo del árabe o si viene de una antigua raíz semítica que ambas lenguas comparten o si habb y abeba no tienen nada que ver. En el único diccionario etimológico del árabe que he encontrado (y que existe, por lo visto) no se hace ninguna referencia al origen de la palabra habb ni a ningún pariente suyo en las lenguas semíticas etíopes (mala señal). Y en el diccionario etimológico de Geez (antigua lengua etíope) no encuentro referencias al origen de abeba en amárico. En Geez, tanto ‘flor’ como ‘semilla’ se decían de formas completamente diferentes.
En conclusión, no tengo ni idea de si la palabra española ababa ‘amapola’ y la palabra amárica abeba ‘flor’ están relacionadas, aunque me apetece pensar que sí. Y si no…, ¡bonita coincidencia! Con un poco de suerte, le he conseguido un par de adeptos a la palabra ababa.





[1] Esta información la he comprobado en el Corominas. Coincide.