En Navidad, todo son “plataos”

O eso pensaba yo. Estaba yo tranquilamente poniendo la mesa el otro día mientras pensaba en el platao de lentejas que me iba a zampar cuando caí en la cuenta de que platao era una palabra bastante curiosa. Parece un participio (platado), pero no hay un verbo platar. Estas son las cosas con las que nos entretenemos los filólogos y/o lingüistas cuando ponemos la mesa, sí.

En realidad no es un participio, sino un caso del sufijo -ado/-ada que se adjunta a nombres (en este caso, a plato). La verdad es que es mucho más frecuente -ada en este contexto (cuchillada, guantada, bravuconada…), pero los dos pueden emplearse para crear nombres “de medida o contenido”, como los define la RAE (en la Nueva Gramática, §5.9j): cucharada, canastada, camionada, puñado, brazado, baldado…  Así que no es una palabra tan rara, al fin y al cabo. Lo que me escamó fue que, según la RAE, platado (que se refiere al contenido de un plato) es propia de… Costa Rica (en el Diccionario de la Lengua Española), también de Panamá y Colombia (en el Diccionario de Americanismos) o, más ampliamente, de la “zona centroamericana y caribeña” (en la Nueva Gramática). Y, verán, yo soy de Madrid, con padres de Madrid y con abuelos nacidos o criados en Madrid. La influencia centroamericana en mi habla es entre cero y nula. Así que me entró la curiosidad: ¿será platado una palabra familiar? ¿O está la RAE a por uvas?

Los corpus académicos no traen mucha información: el CREA tiene un ejemplo de platado en Salamanca (España), que muy en Centroamérica no está (minipunto para mí), y el CORDE, dos de platao: uno de Tomás Barranquilla, que es colombiano (minipunto para la RAE) y otro de Pérez Galdós, en la novela Misericordia, ambientada en Madrid. Minipunto y punto para servidora.

Evidentemente, la fuente que podía satisfacer mi curiosidad no era la RAE. En Twitter, bastante más generoso para estas cuestiones, recibí tanto respuestas de gente que la usaba con naturalidad (platao, nunca platado) como de gente que jamás la había escuchado.

 

Y, claro, una, que es de natural curioso y disperso, tuvo que hacer un cuestionario. Uno muy facilito. Preguntaba: ¿Empleas la palabra “platao” o “platado” para referirte al contenido de un plato, en una frase como “¡Vaya platao de lentejas te has puesto!”? Si contestabas que sí, podías elegir entre cuál de las dos formas usabas (de 56 personas, solo una eligió platado). Además preguntaba el lugar de procedencia (o el lugar en el que habían oído la palabra, para poder hacer un mapita, que es lo que más me gusta del mundo). Y, juntando las respuestas en Twitter con las del cuestionario, este es el resultado (el mapa incluye la pronunciación asturiana platau, que muchos hablantes indicaron: siento haber olvidado incluirla expresamente):

platao_españa platao_america

Como puede observarse, la mayoría de las respuestas que conseguí son de hablantes españoles (no demasiado sorprendente, porque solo lo difundí en mi Twitter) y la mayoría de los hablantes que emplean o conocen la palabra son del occidente peninsular (curiosamente, en Canarias, que tiene mucha influencia occidental, todas las respuestas —aunque pocas— son negativas: es posible que Galdós la conociera en el continente). Esto se condice muy bien con dos pistas que me dieron amables tuiteros: aparece en el Léxico leonés actual con el valor de ‘plato de comida muy lleno’ (gracias, @frauwaz) y es general en Asturias: el sufijo –áu con este valor es  muy productivo en asturiano, como se indica en la Gramática de la Llingua Asturiana (p. 275) (gracias, @PabloSuarezGar):

Gram_Ast

Un origen asturiano (o asturleonés) encajaría muy bien con el hecho de que prácticamente nadie usa platado: el sufijo asturiano ni siquiera contiene esa -d- que en castellano peninsular perdemos con mucha frecuencia en la terminación -ado, pero que podemos recuperar en un contexto de habla cuidada. Varias de las personas que respondieron habían asociado la forma a platazo, aunque la -z- no se pierda en ese contexto, lo que parece indicar que la forma subyacente platado no subyace en realidad en la mente de los hablantes que la usan. De hecho, lo primero que me sorprendió en esa iluminadora puesta de mesa fue reconstruir la forma platado, que jamás había oído.

Sea su origen primigenio el asturiano o no, está claro que platao goza de plena vitalidad en España, donde parece un occidentalismo. El 2021 no tiene pinta de ir a ser tan bueno como nos gustaría, pero sería bonito que fuera el año en el que la RAE actualizara la ubicación (y quizá la definición, ya que parece referirse siempre al contenido abundante del plato) de platado o incluso su forma (¡platao, platao!), ¿no?

Nos haga caso la RAE o no, ¡que el 2021 os traiga al menos un buen montón de deliciosos plataos! Salud y paciencia, que el 2022 está al caer.

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Nota: algunas de las personas que respondieron al cuestionario dieron varias procedencias posibles: en general me he quedado con la propia (es decir, no la de los padres o abuelos), porque así podemos ver hasta dónde ha viajado la palabra, salvo que hubieran especificado que la conocen de otra zona.

 

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