Yo también quiero escribir sobre lo de «iros»

«¿Para qué sirve la norma?», «¿Qué criterios sigue la RAE para tomar estas decisiones que nos parten el corazón?» se preguntan angustiados muchos españoles tras las terribles declaraciones de Pérez Reverte. Como sabrán, salvo que vivan en Babia, el académico más dicharachero informó con un tuit de que la RAE ha decidido dejar de considerar la forma iros como un imperativo incorrecto del verbo ir. La forma idos, que usaban cuatros gatos muy esforzados, tendrá compañía en el estante en el que se guardan los imperativos que tienen el beneplácito de la RAE. (A idos le gusta esto.)

No voy a volver a hablar del cambio lingüístico, del uso, de que la lengua la hacen los hablantes, del papel de la RAE. Lo he hecho ya mil veces. Y, sobre este caso, lo han hecho ya muchos otros, mejor que yo: aquí, aquí, aquí, aquí… Voy a hablar, simple y llanamente, de esas dos preguntas con las que abro.

¿Para qué sirve la norma? Esta es la típica pregunta que, si fuera yo de enrollarme (se escuchan risas nerviosas), me llevaría 25 días de explicación, quizá solo de introducción. Pero voy a intentar ser breve. Normas lingüísticas hay muchas. Dentro de una comunidad lingüística existen muchos grupos que se guían por normas distintas: los mexicanos hablan diferente que los argentinos, las clases altas hablan distinto que las bajas, los jóvenes no hablan como los viejos… Además, las normas no son las mismas en todas las situaciones: con nuestros amigos hablamos diferente que con nuestros profesores, en la consulta del médico no hablamos como en el supermercado. Un hablante, por lo tanto, es capaz de manejar varias normas y todas estarán determinadas por el grupo social al que pertenece. Este concepto de norma se refiere a «lo que es normal, lo que es habitual» y es el concepto coseriano de norma. Todas las lenguas tienen estas normas y todas tienen varias y los hablantes conocerán una cantidad mayor o menor de ellas dependiendo de su contexto (social, geográfico, individual…). Estas normas sirven para identificar a miembros de distintos grupos, por ejemplo. Y se paga un precio social alto por no seguirlas, por cierto, como ha estudiado bien la sociolingüística.

Pero también está La Norma, así, que nos suena con mayúsculas, porque es esa que (creemos que) está por encima de todas las demás y que, para el español, emana de las distintas academias (aunque sobre todo de la RAE). Esta norma es distinta a la norma en sentido coseriano: no surge solita de las prácticas lingüísticas de los hablantes, sino que existen una o más instituciones que la regulan. Esta norma tiene una utilidad muy concreta: pretende ser la norma que regula el uso culto. Es decir, pretende fijar las (o, mejor dicho, algunas) convenciones lingüísticas que deben usarse en determinados contextos elevados, especialmente aunque no exclusivamente, en la escritura. Esa es la función de La Norma. Puesto que está aceptado socialmente que es la que debe usarse en dichos registros, que además son los necesarios para subir en la escala social, esta norma debe enseñarse en el colegio, para que todos tengamos acceso a ella y a los beneficios sociales que comporta el conocerla. Por qué no se enseña además de dónde sale esta norma y que existen otras y que es normal y todo eso que ya les he contado mil veces se me escapa, pero bueno.

A la otra pregunta. ¿Qué criterios informan La Norma? La Norma se ve informada por varias de las normas, en minúsculas. Concretamente las usadas por los hablantes considerados cultos. Tradicionalmente, desde la primera obra académicael Diccionario de Autoridades—, estos hablantes cultos han sido fundamentalmente los escritores. Esto significa varias cosas. Como los hablantes cultos pueden seguir distintas normas (por ser de distintas zonas, por ejemplo) y las instituciones reguladoras llevan un ritmo que no se corresponde con la evolución natural de la lengua, La Norma es una amalgama de convenciones lingüísticas de distintas variedades y, por tanto, no es una variedad lingüística natural, sino artificial: nadie habla español estándar como lengua materna. NADIE. El esperanto tiene más hablantes nativos que el español estándar. Flipa.

Por otro lado, esto significa que La Norma también cambia. La Norma cambia porque lo hacen las normas, que son las que la informan. La Norma cambia más despacio en un sentido y más rápido en otro: más despacio porque lleva retraso respecto a los avances de las normas y más deprisa porque cambia abruptamente. Lo que un día no era normativo lo es al día siguiente. Así estamos todos de estresados. Ojo: la Norma no cambia solo ahora en el siglo XXI porque de repente en la RAE son unos modernos que hasta aceptan mujeres, dónde se ha visto esto. La Norma ha cambiado desde siempre. Por el amor de Dios, si la RAE a finales del XVIII era leísta extrema (como eran muchos escritores de la corte, castellanos o no) y decía estas cosas:

RAE leísta
(RAE, Gramática de la lengua castellana, 4ª ed., 1796)

La RAE, por lo tanto, toma sus decisiones consultando los usos de los hablantes cultos (aunque se haya atrevido a enmendarle la plana a Cervantes), para lo cual tiene una amplia base de datos compuesta de de textos (sobre todo literarios y periodísticos). Si estos usos cambian, la norma también puede llegar a cambiar. Digo «puede llegar» porque, que yo sepa, la RAE no tiene un protocolo que regule qué cosas deben comprobarse y cada cuánto tiempo y, sobre todo, porque las decisiones finales dependen de votaciones en plenos con gente tan cualificada como nuestro querido Arturito alias El Último Macho Ibérico. Pero el que la RAE se base en estos datos es lo que explica que hayan decidido dar el visto bueno al imperativo iros, pero no a marcharos o traeros, por ejemplo: el primero es mucho más frecuente en los textos. Esto ya lo dice la RAE aquí y lo he comprobado yo en un pequeño corpus de tuits también, que muestra que no solo las «autoridades» hacen esa diferencia, sino que se cumple para todos los hablantes.

En el siguiente gráfico se ven las frecuencias absolutas entre las formas estándar de los imperativos de ir (idos), de algunos verbos de la primera conjugación (callaos, compraos, imaginaos, miraos, amaos, dejaos, marchaos, daos) y de algunos de la segunda (traeos, leeos, poneo, comeos) frente las formas no estándar respectivas (iros, callaros, compraros, imaginanos, miraros, amaros, dejaros, marcharos, daros, traeros, leeros, poneros, comeros). Son las formas extraídas de buscar en un corpus de 4 096 033 tuits y no incluyen las formas de los verbos de la tercera conjugación por un problema técnico (con las tildes…, dramático). El gráfico muestra con cierta claridad que, mientras que la forma estándar de ir apenas es utilizada por ningún usuario, las formas normativas de los otros verbos son mucho más frecuentes en comparación (nótese que estos son datos de escritura, esperamos mayor incidencia de las formas no normativas en el habla espontánea). Como bonus, se adivina una diferencia interesante entre la primera y la segunda conjugación que tendremos que investigar con más datos.

IrosIdos2

Ya me callo, pero antes quiero hacer una breve mención a la excepción dentro de este procedimiento académico: La Norma ortográfica. La ortografía no es lengua en el sentido que lo es la fonética, la morfología o la sintaxis: no es producto de la actividad natural de los hablantes (aunque los hablantes sí pueden crear y, de hecho crean, normas ortográficas propias). La ortografía es siempre artificial y por eso su codificación no responde a criterios de uso, por más que le pese a algún columnista. Las academias tratan de buscar un sistema óptimo que concilie dos tendencias: por un lado, seguir unas reglas transparentes para los hablantes y, por lo tanto, sencillas de cumplir y entender y, por otro, respetar la tradición etimológica (eso explica las haches mudas, las bes y las uves, o, bueno, algunas bes y algunas uves, que en algunos casos se liaron). El uso no guía la norma ortográfica. Si debería hacerlo o no es opinable, como todo, pero esto es lo que hay.

P.D.: Las mayúsculas usadas en esta entrada para La Norma no son normativas. ¿Cómo os quedáis? To locos, lo sé.

2 comentarios en “Yo también quiero escribir sobre lo de «iros»

  1. La lengua culta, a la que todos deberíamos aspirar, se está dejando de usar. Mejor quitar normas para que nadie aspire a hablar mejor. Arbitrariedad total.
    Se trata, como últimamente viene sucediendo, bajar el «listón» para que pasen todos. Admitir «almóndigas» o «cocretas»…
    Una pena.
    Muy buen artículo…

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